Desde un rincón de mi escritorio, el gancho se destaca por sus curvas, al costado de objetos burdos como controles remotos o vasos melosos que alguna vez contuvieron Coca Cola. Desde lo alto, el nuevo huésped parece mirar con temor lo que le espera si volviera a caer: zambullirse entre ropa sucia, oler zapatillas gastadas, enredarse en cables que aguardan una víctima, pelusas, discos y guiones aún no grabados. Con pena observa hacia el otro rincón, donde una guitarra yace volteada contra la pared, castigada.
Ahora el que espera es el gancho, para ser rescatado por su dueña, del infierno masculino en el que ha sido abandonado. Yo también espero, porque cuando el objeto ya no esté aquí, significará que ella ha regresado y, con suerte, lo de anoche se habrá repetido.
6 comentarios:
Ajá... entonces pasó algo... jajaja
Ta bien chochera... me alegra... la presencia femenina en nuestras vidas es algo tan necesario como el aire. Por lo menos, eso es lo que creo yo.
Pero creo que debes mantenerlo. Yo tengo el reloj rojo... el dichoso rojo que siempre estuvo presente en esa amistad con derechos... hasta ahora sigue en mi casa para ser recogida por su dueña... y sé que sucederá en el momento indicado (más idealista)...
Abrazos amigo.
jajaja... tranquilo pes... finalmente, es bueno qu vayan a recogerlo o no, para dejarnos una esperanza? jaja, por lo menos eso es lo que tú tienes...
Por eso no vuelven pues Ladines, si cada vez que van les paras robando algo como ch... quieres que te vuelvan a buscar, medio cleptomano me resultaste
quién dicen que no vuelven??
oe, hoy amanecí con algo femenino en mi cuarto. No es un gancho, es más una prenda de vestir... jajajaja
Ya te contaré....
tranquiIIiIiiIiiiiIiLOooooOoOooOo...
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