
Ver una película con alguien es compartir gustos, pasiones, estados de ánimo. Tal vez la compañía sea más importante que la película en sí: el filme puede ser muy malo, pero si estás con la persona adecuada, sabrán sacarle provecho a la situación, ya sea ignorándola con besos o burlándose con comentarios sarcásticos. Aún así, las mejores salidas son cuando lo que vemos en el ecran es tan bueno como la persona que tenemos al costado.
Una vez un profesor universitario nos dijo que su esposa y él se habían enamorado mientras iban a ver películas de la nueva ola. Por más huachafo que suene, cuando escuché eso me dije: “qué paja”.
Años después, me encontraba en una filmoteca, con una hermosa chica francesa. Íbamos a ver “La habitación verde” y creo que ella nunca había visto una película de Truffaut. Eso de ver un filme francés con una chica francesa era como una especie de fantasía. Yo tenía muchas ganas de ver la cinta en 35mm., pero no sabía cómo lo iba a tomar ella, si le gustaban esa clase de películas o no.
Cuando se acabó la proyección, después de que el personaje de Truffaut cayera y se uniera a sus tan queridos muertos, volteé a ver a mi compañera y vi cómo lloraba. Pero no era que tuviera unas cuantas lágrimas encima, sino que lloraba con una tristeza que nunca antes había visto en la sala de un cine. La traté de tranquilizar, pero no había cómo. Por momentos parecía que ya se calmaba, pero luego retomaba el llanto y yo le preguntaba si estaba bien y ella me decía “sí, es que la película…” y seguía llorando. Eventualmente, se tranquilizó camino al metro.
Nunca vi a nadie conmoverse tanto por una película, sobre todo por una que no tuviera el “feelin´” de “Titanic”. Me alegro mucho de que ella me haya acompañado justo a esa función. Aunque suene raro, voy a decir que también me alegra que haya llorado por esa obra, creo que dice mucho de ella, de su sensibilidad, de su humanidad. Va a ser difícil que vuelva a ocurrirme algo parecido.

Otra salida al cine que recuerdo fue con mi mejor amiga. Había quedado con ella para ir a ver “Antes del atardecer” y, esa misma tarde, me había enterado que la chica que me gustaba andaba con enamorado. Cuando nos sentamos en la sala ella notó que andaba triste y me dijo algo así como “no te preocupes cholo” y yo la miré y le respondí algo así como “sí, no importa, te tengo a ti”. Por supuesto, luego me enamoraría de ella, causa por la cual ya no la tengo.
Mi mejor amiga fue una gran entusiasta por conocer la cinematografía y una de las mejores compañías que he tenido. Es raro pensar que ya no volveremos al cine, por lo menos no solos, como cuando vimos a Buster Keaton musicalizado en vivo, o como cuando nos equivocamos de sala y, en vez de ver una del festival policial francés, empezamos a ver una con John Travolta y nos fuimos riéndonos; o cuando vimos a Julie Delpy bailar “Just in time” de Nina Simone.
No puedo terminar este texto sin mencionar el episodio que me hizo escribir estas líneas. Hace pocos días estaba viendo “Pequeña Miss Sunshine” y, mientras los créditos finales pasaban, recordé la primera vez que la vi: en un domingo lluvioso, en el cine y acompañado, lo contrario de esta última ocasión.
Lo único que quería era llegar donde una chata linda y pecosa para llevarla al cine. Me abrió la puerta y yo estaba empapado, de lluvia y sudor: mi paraguas estaba roto y sólo llevaba la gabardina de inspector gadget que me había regalado mi abuelo. Preocupada, me preguntó si mis medias estaban mojadas y le dije que no. Mentí. Toda buena, me invitó un jugo y no sabía si ir al cine, por el clima y porque ya había empezado a ver otra película. Después de insistirle, logré convencerla.
Esta vez salí a la lluvia, pero bajo el paraguas de la pecosa. No soy muy bueno con los paraguas y menos compartiéndolo, así que ella me lo quitó y, por la diferencia de estatura, de vez en cuando me caía un paraguaso en la cara. A la suya, la recuerdo rodeada de una capucha negra, que la hacía ver más pequeña de lo que era.
Era la primera vez que íbamos a ese cine en particular, así que nos perdimos. Estaba preocupado de que llegáramos tarde a la función, pero, sobre todo, preocupado de que ella se hartara de deambular por calles que se habían convertido en riachuelos. Pero no fue así y pudimos burlarnos de la situación hasta por fin llegar a nuestro destino.

Nos sentamos y ella me dice que va a comprar bocaditos, que si quiero algo. Le dije que no, gracias. Cuando regresó me regaló un chocolate, toda buena.
Y así estuve durante toda la proyección de “Pequeña Miss Sunshine”: con agua saliendo de mis zapatillas. Pero no me importaba, porque la estaba viendo con una linda pequeña con pecas y se estaba riendo.
Cuando acabó la película, la audiencia aplaudió, cosa que nos dio a mí y a la pecosa otra cosa de qué burlarnos: no entendíamos a los nativos.
La noche terminó en su casa, mientras comíamos pizza y terminábamos de ver el vídeo que ella había dejado a la mitad, por mí.
Ayer me la encontré en el chat y me dijo que por allá, donde yo vivía antes, estaban pasando un documental sobre Joe Strummer y que era una pena que no esté por allá para verlo juntos. Me copió el link de los cines a dónde íbamos y sí, era una pena.
7 comentarios:
Tu texto tiene imágenes, como un collage, pero en blanco y negro, pero de alguna manera, que no logro entender bien, tiene también color, muchísimo color... debe ser por el sentido, el sentido sentimiento que se siente al leerlo... valgan todas las redundancias juntas y también la cursilería socialmente aceptada y secretamente amada: Qué Paja.
en blanco y negro, a color, en cinemascope, no importa, pero vayan a ver una buena película. y, si es bien acompañado, mejor. gracias por los comentarios.
tu texto tiene imágenes, espacios, situaciones y emociones, como alguna o todas las salidas al cine, solo o acompañado.
sostengo la proposición de cursilería, está bien paja.
Que sensibilidad… en serio que lindo es ir al cine con alguien que comparte tu pasión por las películas. Aunque si que creo que te falto mencionar algo, que la magia no se acaba con los créditos de la película, si no que a veces nos sigue hasta el café mas cercano con una buena conversación.
Recientemente en la cinemateca de la universidad en Atlanta pasaron Blow-up de Antonioni en 35 Mm., nunca pensé que lograría verla como era debido y lo único que puede decir es wow! Pero lo mejor de todo es que logre verla con la única otra persona en toda la universidad que había leído “Las Babas del Diablo” de Cortazar.
tengo que confesar que aún no he visto "blow up", aunque la tengo junto a mi tele, esperando que la vea. tal vez me falta la persona adecuada al costado para poder verla. qué pena que no estuviste por acá alejandra. habrá surgido amor con el cortaziano?
danielbph: gracias por los comentarios, se extraña tu blog cuadernoloro... regresará? recordemos que el cuaderno loro aún sobrevive...
resucitando y mejorando mi accidentalmente desaparecido comentario (aclarando orgullosamenter que fue el primero), me atrevo a escribir sabiendo que las palabras siguientes a éstas, van a ser elegantemente opacadas por las del "guionista" ladines... (un punto más a favor del apellido)
lamentablemente, hace tiempo no disfruto de una buena película... en mi caso, tengo la compañía perfecta, pero me falta el tiempo y el conocimiento para saber elegir una buena aventura fílmica para compartir... se aceptan sugerencias, familia...
sí, tu comentario fue el primero de este blog y yo, tontamente, lo borré de casualidad (aún estoy aprendiendo a usar esto). date un tiempo para ir al cine martín, o ver una pela en la sala de tu casa o de la persona que te acompaña. sugerencias? ahorita está "leonera" en el ccpuc, me han dicho que está buena...
p.d. gracias por mantenerme en el anonimato...
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